[imagen]      Con fecha de 1969, y ofrecida originalmente en respuesta a las solicitudes de una reseña conmemorativa, llega el artículo retrospectivo: “Por L. Ronald Hubbard”. En cuanto a lo que Ronald relata en forma de sucesos incidentales de aquellos años dorados, comprendamos que su seudónimo, Kurt Von Rachen, crearía finalmente diversos relatos memorables para Astounding y Unknown, incluyendo aquellos dramas de ciencia-ficción de personajes propiamente intrépidos, como El idealista, Los amotinados y Los rebeldes. Comprendamos además que su mención de Willy Ley entre Campbell, Asimov y Heinlen es especialmente significativa, porque aunque Ley es, en definitiva, un autor menor, desempeñó un importante papel en la popularización de la era espacial y se le recuerda de manera apropiada como uno de los primeros en proponer la propulsión a chorro. También es significativa la mención que Ronald hace de Leo Margulies, director editorial en ese entonces de Thrilling Wonder Stories [Historias apasionantes y maravillosas] y uno de los pocos que llevaron hasta la década de1950 la tradición de las pulps.

     Al referirse a los “altos en el camino” en Hollywood, Ronald está hablando de su estancia de diez semanas en los estudios de Columbia Pictures, en donde adaptó para el cine su obra Asesinato en el castillo del pirata como El secreto de la Isla del Tesoro: una serie de quince episodios inspirada libremente en aventuras en el Caribe y en la que aparecen fantasmas asesinos, un reportero intrépido y la belleza que no puede faltar. También fue durante esas diez semanas típicamente productivas cuando Ronald aportó series a la pantalla grande o trabajó en su adaptación: obras como El piloto misterioso, Las aventuras de Wild Bill Hickock y (junto con Norvell Page) La araña retorna.

     Al mencionar las “riñas insignificantes”, es probable que Ronald se esté refiriendo a la eventual enemistad entre Campbell y A. J. Burks, en apariencia por dinero, y que concluyó finalmente con la expulsión de Burks de toda la ciencia-ficción. (Si no sabía otra cosa, recordaba el autor y editor británico George Hay, “Campbell era un hombre que sabía cómo guardar rencor”.) En cualquier caso, Ronald es quizá demasiado benévolo; las riñas no siempre fueron insignificantes, y él fue al final el único autor procedente de la enorme corriente principal de las pulps que sobrevivió al reinado de Campbell como el zar de la ciencia-ficción.

[“...escribir, escribir y luego escribir algo más, y nunca permitir que el cansancio, la falta de tiempo, el ruido, o cualquier otra cosa, me desvíe de mi camino”. - L. Ronald Hubbard]

     Por otra parte, sin embargo, la amistad era verdadera, y en muchas cartas de L. Ronald Hubbard se mencionan comidas en la casa de Campbell en los páramos de Nueva Jersey y almuerzos prolongados en los que se servían platos de un “jamón horrible” con guarnición de rodajas de piña. Además, Campbell fue uno de los primeros en percibir lo que Dianética representaba como el medio por el cual podríamos aventurarnos en la incógnita más grande de todas: el universo de uno mismo. Asimismo, fue Campbell también quien inspirado por investigaciones posteriores de L. Ronald Hubbard empezó a requerir historias no situadas en un futuro distante, sino en un pasado prehistórico, lo que a su vez se puede argüir que ha dado lugar a todo lo que hoy celebramos como una nueva Edad de Oro de la ciencia-ficción, con relatos de galaxias muy lejanas y que datan de hace mucho, mucho tiempo.



“Remington Silenciosa” las máquinas
de escribir de L. Ronald Hubbard

La Edad de Oro continúa...
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