La Configuración de Miedo

En un momento dado, aquellos que rodeaban a Ronald te contarían varias historias de dudosa autenticidad en relación a su autoría de Miedo: cómo la obra prácticamente le había poseído, cómo había sido concebida inicialmente ante los filetes a la barbacoa en el césped del jardín de la casa de John Campbell en Nueva Jersey, de qué manera Ronald la había vuelto a escribir furiosamente en un tren de medianoche procedente de Connecticut. Ninguna de ellas se puede verificar, y la mejor descripción de cómo llegó a ser el autor de un relato del que tanto se hablaría, se encuentra en las cartas a sus amigos durante la tercera semana de enero de 1940. Aquí se reproducen, por primera vez, citas de algunas de estas cartas.

“La novela Miedo de L. Ronald Hubbard es uno de los pocos libros dentro de este escalofriante género, que realmente merece el empleo del trillado calificativo de ‘clásico’, ya que ‘Esta es una narración clásica de horripilante amenaza y horror surrealistas’... Esta es una de las realmente buenas de verdad”.

– Stephen King


     Knickerbocker Hotel
     18 de enero de 1940

     ...en los últimos días he estado tan trastornado con una historia, que no te he escrito, y ni siquiera he querido tocar esta máquina de escribir. Sin embargo, finalmente he logrado domeñar la trama y estoy llevando a cabo investigación sobre ella...

     La historia se titulará FANTASMAGORÍA y el tema es: “¿Qué le sucedió a Dwigh Brown en el día que no puede recordar?”. Veinticuatro horas perdidas en la vida de un hombre. Y si me ocupo de ello de manera apropiada, será algo que Dostoyevski podría haber hecho. El protagonista se afana por localizar sus acciones, mientras da palos de ciego por todas partes, salvo en el lugar correcto, puesto que tiene miedo de mirar ahí. Cada día está rodeado de más terror y apariciones, mientras sus soluciones se amontonan a su alrededor, sólo para convertirse en algo vacío y desdibujado. Él sabe, en lo más íntimo de su ser, que en el momento en que admita sus acciones del día que no puede recordar, ese día deberá morir. Y al haberse enajenado, tiene que elegir entre la locura eterna y la muerte. ¡Y si crees que este fue un argumento al que fue fácil de llegar y luego esbozarlo episodio por episodio...! ¡Y John Campbell, mientras tanto, bombardeándome con nuevas sugerencias e insistiendo en que las usara...! ¡¡¡¡¡¡¡Y cinco historias conflictivas para entretejerlas en una sola...!!!!!!!

L. Ronald Hubbard ha sido, desde los años 40, uno de los cinco escritores del campo de la ciencia-ficción que me han servido como modelos y maestros. Sus historias, Miedo en particular, han influenciado directamente toda mi obra...”

– Ray Faraday Nelson


     Knickerbocker Hotel
     28 de enero de 1940

     Hoy he intentado empezar FANTASMAGORÍA, después de haberla bosquejado por completo anoche. Pero por alguna razón no podía pensar con la suficiente coherencia o crear una atmósfera adecuada. Es una historia bastante dolorosa, y por lo tanto, supongo que mejor sería que la relatara muy calmada y objetivamente, sin esforzarme en meditar sobre la atmósfera...

     Mientras te escribía, una parte de mi cabeza estaba tratando de inducir cierto tono en la historia. Y creo que un estilo ameno y delicado es el más adecuado. Pintarlo todo encantador y muy bonito, y luego empezar a atemperarlo, no con el estilo, sino con los sucesos mismos. En otras palabras, conducir al lector que no sospecha de nada y entonces descargarle todo el asunto en la cabeza. Mostrar muy poca compasión verdadera y no tratar de ninguna manera de empeorar los hechos más de lo que son, sino más bien minimizarlos. Oh, ¡al diablo! ¡Esta es una historia tan difícil! Pero puedo ver una somnolienta ciudad universitaria en primavera, olmos, estudiantes aburridos, y un hombre que apenas ha regresado de una expedición etnológica, a quien se ha llamado para sustituir a un profesor que se ha puesto enfermo. Un hombre adaptado a la tranquila soledad con un cierto idealismo sosegado innato, que ha regresado a su hogar y con su esposa, y trata ansiosamente de encajar en la escena que dejó hace tanto tiempo atrás. Si se narra de un modo casi desapasionado, la cosa tiene que salir bien. En otras palabras, simplemente la escribiré. Porque no acierto a meterme en un estado de ánimo horripilante. Ah, ¡qué daría yo por unos cuantos días de mi adolescencia! El personaje debe tomárselo todo apaciblemente, esa es la manera más fácil de hacerlo. ¡Cómo odio hacer que alguien “desfogue sus emociones”!...



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