[imagen]      “¿Hay algo de malo en eso?”, dije yo. “¿Es tan diferente guardar revistas a almacenar manuscritos inéditos? Llegados a eso, amigo mío que no estás en pro de nada, pienso que es mucho mejor que se te haya leído y olvidado, a que nunca se te haya leído en absoluto”.

     “Tú disimulas. Al menos yo soy sincero. Al menos estoy procurando escribir algo verdaderamente grandioso. Al menos mis mercancías no están por debajo de mi dignidad, y si esas cuantas que he publicado fueron irremuneradas, al menos aportaron su granito de arena a la verdadera literatura de la época. Vosotros, los autores de ficción me dais náuseas. Prostituís un don de Dios para beneficio de vuestros estómagos. Ya verás,” dijo, procurando amenazadoramente sacarme los ojos con su útil tenedor, “vivirás para lamentarlo”.

[...pienso que es mucho mejor que se te haya leído y olvidado, a que nunca se te haya leído en absoluto.]     Para entonces, yo ya estaba bastante divertido, pues fui yo quien pagó por esa ración de jamón y huevos que él había atacado con tal resolución. Durante mucho tiempo después, relataba la anécdota a mis colegas entre grandes aplausos. Fue muy divertido que ese inexperto hirsuto reprobara la fuente del dinero que había pagado por la comida que tanto necesitaba. Pero durante la estridencia de las risas aún quedaba irresoluta una pequeña duda. Lo que él había dicho era perfectamente cierto. De hecho, era tan cierto que me dejó muy intranquilo. Escribir millones y millones de palabras para las revistas era maravilloso desde un punto de vista económico. Pero el dinero no lo es todo; ¿o sí?

     Ahora bien, da la casualidad de que esta discusión comenzó mucho antes de que dos de los principales poetas del Faraón la avivaran convirtiéndola en la violenta llama que la ha llevado tan lejos a lo largo de las épocas. Por un lado está el tipo que se consuela con la idea de que su obra, no leída, es demasiado grandiosa; y por otro, el hombre que dice que a pesar de que su obra no es grandiosa, se lee ampliamente.

     De esa forma, todos divagamos. Si escribimos “basura” nos disculpamos por ello. Si escribimos “arte”, defendemos belicosamente nuestro derecho a morir de hambre. De esta forma, todos los escritores se ponen en el campo de las justas, con las heridas que en estas resultan. Pocos son, sin duda, los tipos que no sienten ni de un modo ni de otro al respecto.

     Esta discusión sobre el arte o el yantar no tiene ningún fundamento. Es una quimera. De acuerdo con Voltaire, si uno tiene que discutir, tiene que definir sus términos, y es sin duda imposible trazar una raya entre el arte y la basura, porque dónde termina una y comienza la otra depende exclusivamente del gusto del hombre que hace la distinción.

     A menos, pues, que sea posible descubrir alguna generalidad mediante la cual estos asuntos se puedan reconciliar, seguiremos tropezando y titubeando y disculpándonos.


El arte o el yantar continúa...



AnteriorNavigation BarSiguiente

| Anterior | Glosario | Índice | Siguiente |
| Encuesta | Sitios afines | Librería | Página principal |


L. Ron Hubbard, L'Écrivain | L. Ron Hubbard, Lo scrittore
L. Ronald Hubbard, El escritor | L. Ron Hubbard, Der Schriftsteller
L. Ron Hubbard, The Writer

Contact Us
© 1998-2004 Iglesia de Scientology Internacional. Todos los derechos reservados.

Para información sobre marcas registradas


Librería Content Página principal